home Commentary The Best Wedding Gift is Jesus/El Mejor Regalo para un Matrimonio es Jesús.

The Best Wedding Gift is Jesus/El Mejor Regalo para un Matrimonio es Jesús.

In the wedding of Cana, Jesus reveals himself and he makes himself present, just like in the past.

Jesus revealed himself at his baptism in the Jordan and he became present to the Magi at his birth.

Jesus reveals his glory and the disciples believe in him.

Today Jesus again chooses a marriage to reveal Himself.  When Jesus is the guest of honor at a wedding, when he is invited by the couple, Jesus makes himself present and confirms the union of the couple in all its dimensions:  physical, sociological, and spiritual.  Jesus takes something so “natural,” like the love between a man and a woman, and he elevates it to the “divine,” elevates it to the status of a Sacrament.  We can say that a Catholic marriage, blessed by God, is truly a miracle because in the love of the couple Jesus is present. God reveals his power in the marriage union.

At the wedding in Cana, Jesus transforms water into wine.  In all households where Jesus is invited, we can feel his presence and his power to transform all ordinary family events. Today in our midst, the Cana event becomes real again. Couples that begin their life with enthusiasm and joy can find themselves losing interest in the demands of everyday life. All human interaction can, because of tiredness, because of the routine, because of the stress, become just ordinary, just like the water at the wedding.  The wine, on the other hand, symbolizes joy and enthusiasm, newness of life! Jesus can once again turn the ordinary water of our lives into the wine of joy in our lives.

The most effective remedy for many human tragedies is given to us by the couple in Cana: invite Jesus to your life! If Jesus lives in our home, to him we can go when the enthusiasm of life diminishes. When the physical attraction is no longer there, when the love is no longer like when we began — to Jesus we can go because he transforms the routine into something new, something generous, something divine.

Jesus can transform juvenile love into a much more profound and mature love —a love that can transcend time and space.

Inviting Jesus into the life of a couple does not begin on the wedding date, but it begins during the courtship of the couple. This is not a private affair between man and woman, but it is a vocation where the couple lives out their lives as individuals following together the plan that God has established for them from the beginning.

Living our vocation to matrimony means living our life in joy. “Because there is more joy in giving than in receiving.” Contrary to what is common belief, a vocation to matrimony is not a vocation to just “put up with each other” but it is to fulfill our lives in love, sharing our lives in all dimensions and transmitting to others the truth of this life fully. The married couples are authentic witnesses of the love of God for all of humanity.

This miracle of Jesus can only happen with the presence of the Virgin Mary. Let’s remember that she was equally invited to the wedding as Jesus was. In these times, where we lack the love, energy and spirit of the wine, a time in which selfishness seems to have the upper hand, the invitation to the Virgin Mary becomes necessary to repeat the miracle of love and life. Through her intercession, Jesus can again transform water into wine and she could insist to the couple “Do whatever he tells you.” (John 2:5)

Fr. Salvador Gonzalez, OMI, pastoral staff, shrine

En la fiesta de las bodas de Caná, Jesús se revela y se hace presente así como lo hizo en el pasado, en su bautismo en el Jordán, y como se manifestó en su bautismo a los reyes magos. Jesús revelo su Gloria y sus discípulos creyeron en El.”

Hoy de nuevo  Jesús escoge el matrimonio para revelarse.

Cuando Jesús es el invitado de honor  en  la boda, cuando es invitado por la pareja, cuando Jesús se hace presente en el matrimonio, confirma la unión  de la pareja en su triple dimensión: física, sicológica y espiritual.

Jesús toma algo tan “natural” como es el amor y la unión de un hombre y una mujer y lo eleva a lo “divino” a la categoría de Sacramento.

Podemos decir que, un matrimonio cristiano bendecido por Dios es un verdadero milagro. Dios revela su poder en la unión matrimonial.

Si en Caná Jesús  transformó  el agua en vino, en los hogares donde se da lugar  a Jesús se vive  el poder de su presencia que transforma todas las condiciones familiares.

Hoy entre nosotros sucede lo mismo que en Caná, la pareja que empezó con entusiasmo y alegría su vida matrimonial – el vino es símbolo de esta alegría y entusiasmo – al pasar los días y los años este vino se acaba y los sentimientos humanos, justamente por ser humanos, se van deteriorando y se llega al cansancio, a la rutina, a la tristeza y quizá hasta al rechazo.

El remedio eficaz para afrontar estas tragedias nos lo dan los esposos de Caná de Galilea: invitar a Jesús.

Si Jesús está en nuestra casa, a Él se puede acudir cuando el entusiasmo disminuye, cuando decae el atractivo físico, cuando se va apagando el amor con que se comenzó, porque Jesús puede convertir el agua de la rutina en vino nuevo y generoso, es decir, puede convertir el amor juvenil en un amor más maduro y profundo, más duradero, más comprensivo de mutuo conocimiento y con capacidad de perdonar.

A Jesús se le invita a la boda, reconociendo desde el noviazgo que el matrimonio no es asunto privado entre el hombre y la mujer, sino un llamado o una vocación en donde se realiza la propia vida y el propio destino, siguiendo el proyecto y el ideal que Dios estableció desde el principio y para lo cual Él mismo da la capacidad.

Vivir la vocación del matrimonio, significa vivirlo en alegría: “porque hay mayor alegría en el dar, y en el darse, que en recibir”.

El matrimonio no es una vocación para “aguantarse” y “soportarse” el uno al otro, sino para realizarse en el amor, compartiendo la vida en todas sus dimensiones y transmitir esa vida en plenitud.

Este milagro de Jesús sólo se realiza con la presencia de María. Recordemos que ella fue invitada a Caná, lo mismo que Jesús. En esta época en que falta el vino del amor, en que la vida se ve amenazada por el egoísmo, la invitación a María se hace necesaria para repetir el milagro del amor y la vida. Ella puede hacer, con sus ruegos, que Jesús convierta el agua en vino y Ella estará insistiendo a los esposos: “hagan lo que Él les diga”.

P. Salvador Gonzalez, OMI, Equipo Pastoral del Santuario

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